“Ser” humano

El Renacimiento:
Con el Renacimiento se da inicio al Humanismo, que busca el retorno a la condición humana, a su forma auténtica y a la realización del hombre en este mundo terrenal a través de las artes, la ciencia y la filosofía. Lo que trajo como consecuencia la búsqueda de la “gloria” en su paso por la vida, así como la persecución de la fama, el placer, la riqueza. Es en el Renacimiento que la historia toma su interpetación tal como la conocemos hoy. Con el Renacimiento el hombre deja de vivir en un mundo místico, con la vista fija en el cielo, para comenzar a vivir su propia historia como ser social, con la vista sobre la naturaleza.

El humanismo al poner la preocupación en la esencia humana del hombre, en los valores propios de cada ser y no en la inmortalidad del hombre, que a la vez que lo “libera” del dogma religioso, lo arroja a la vida, a asumir su propio “re nacer”. Los humanistas ya hablaban del surgimiento de un “hombre nuevo”. También se plantean un retorno al epicureísmo, y se reafirma como nunca antes la necesidad de autovaloración individual (autoestima). A su vez, el romanticismo dio inicio a la era de la “redención” del yo sobre la tierra. El cielo dejo de ser el único camino a la felicidad y los sentimientos humanos fueron colocados en el mismo altar que los dioses. El hombre quiso encontrar valores “eternos” en su corto paso por la vida.

El humanismo actual no sólo se nutre del pensamiento del renacimiento, de las aspiraciones del humanismo tradicional y de los ideales del romanticismo, sino que a su vez se forja en la ideología de la ciencia, como reacción a los valores dogmáticas que de ella se desprenden, pero sobre todo a las consecuencias sociales del uso indiscriminado de la tecnología.

Autorrealización:
Podemos decir que la autorealización no es otra cosa que dar lo mejor de si. Un ser autorealizado es aquel que logra sacar lo mejor de su yo. Ahora el problema no es sólo dar lo mejor de si, también es necesario hacer el mayor bien posible a los demás. Un hombre realizado es aquel que lleva una vida sana y se desarrolla en los tres planos: inteligencia (se desenvuelve en la ciencia), sensibilidad (se manifiesta en el arte) y voluntad (practica deporte).

En nuestra sociedad aplauden a los que alcanzan el exito, sin importar como lo logran, ni tampoco se estimulan a aquellos que están luchando por su autorrealización. Todo aquel que es capaz de crear algo, de dar algo a los demás, debe tener el camino despejado.

La sociedad humanista es aquella en la cual de forma natural cada individuo alcanza la autorrealización. Incluso podemos decir que si alguien para alcanzar sus metas, tienen que limitar o dañar a alguien, es que la sociedad no es capaz de satisfacer las necesidades naturales del individuo, entiéndase por autorrealización la realización de grandes obras que van a beneficiar a la humanidad. La historia está llena de grandes artistas, científicos, humanista, etc. que han vivido en la mayor pobreza. Esto no puede ser posible en una sociedad verdaderamente humanista.

Las tres leyes del humanismo:
1ra) Dar lo mejor de si y perseguir la autorrealización personal.
2da) El alcanzar la autorrealización personal no puede ser a expensas de limitar o causar daño a los demás.
3ra) Apoyar a nuestros semejantes en su sendero por la autorrealización y ayudar a todo aquel que lo necesite sin desviarnos (de forma irremediable) de nuestros objetivos.

No esta justificado que alguien limitado por su condición social, pero con talento, cometa todo tipo de bajeza por alcanzar sus objetivos. No siempre el camino más fácil es el que conduce a la verdadera autorrealización a aquella en la que nos sentimos realmente satisfechos con nosotros mismos en todos los sentidos. Son muchos los que a pesar de alcanzar cierto éxito, llevan una vida miserable, y son incapaces de dañar a nadie, ni de aprovecharse de alguien. Los ideales de autorrealización deben siempre producir el mejoramiento de los humanos, su bienestar y perfeccionamiento.

Asi como tampoco ninguna ideología: religiosa, política o moral; puede estar por encima de los sentimientos humanos, de lo que es esencialmente humano. No existe causa que obligue al hombre a luchar contra el hombre y mucho menos a que se convierta en el asesino del hombre. Nada justifica a las guerras que de hecho son inhumanas e inmorales ya que siempre traen la destrucción: hijos sin padres, mujeres viudas sin posibilidad de mantenerse, pueblos destruidos, saqueados… Las consecuencias de la guerra hay que analizarlas al margen de los grandes ideales que se puedan blandir, ya que siempre forma parte del lado oscuro de la naturaleza humana, de las fuerzas destructivas y no de las creativas. Creer que la única solución a los problemas es la fuerza, es un salvajismo que es necesario superar, es imprescindible salir de la era de las cavernas para adentrarnos en un siglo XXI de paz.

No creo que podamos pasar al futuro sin haber resuelto los grandes problemas de nuestra época y el subdesarrollo es uno de los problemas más graves y bochornosos de nuestra época. Aceptar la miseria de esos países, equivale a negarle la posibilidad de ser humanos y a los ricos su propia esencia humana.

¿Podemos salvar al mundo de la miseria?
Son muchos los pensadores que están preocupados por la crisis de la ciencia o por la tiranía que esta ejerce, en cambio tienen una visión del tercer mundo económico distorsionada y confunden la necesidad de cooperación con la intervención “salvadora”.

A las voces, de los que viven en el norte, de liberar a otros países los del sur . Podemos responderle que el problema no es tanto liberar, sino de ayudar, de facilitar el progreso y el desarrollo a los que están más rezagados. Lo cual presupone, necesariamente, un compromiso con toda la humanidad, con la creación de instituciones humanistas; que su función no sea unicamente invertir, sino enseñar; no sólo transferir tecnologías, sino transferir cultura. Porque cuando se habla de liberar, se entiende la conquista de un grupo más “avanzado” de otro medio salvaje y en aras de nuevas libertades: progreso o civilización, el segundo debe someterse. Y yo me pregunto: ¿por qué la libertad tiene que ser impuesta desde afuera? No es mejor que surja de la interacción de dos grupos, donde mucho tienen que aprender el uno del otro, es decepcionante que intelectuales de este siglo sigan pensando así, como si el mundo subdesarrollado no tuviera nada que decir o como si fuera una especie diferente, no humana.

No se puede olvidar que la historia del hombre ha estado dada por su afán de conquista ya sea ante la naturaleza o ante sus semejantes. Los españoles no vieron a los indios y su civilización como un fenómeno del que se podía aprender a través de una interacción. El indio nunca se consideró como ser humano que debía ser respetado y tenido en cuenta, fue esclavizado y su vida fue arruinada y a eso se le llamo civilización. ¿Vinieron, a caso, los españoles a beneficiar a los indios , a traerles la cultura? No, vinieron buscando oro, aventuras, gloria, cualquier cosa menos traer el progreso. Muchos eran aventureros que esperaban encontrarse con bravos guerreros y sólo encontraron indios mansos que los creyeron dioses y le ofrecieron su hospitalidad, a cambio fueron arrancados de sus hogares y convertidos en esclavos. Muchos no resistieron los castigos y la fatiga del trabajo y murieron preguntándose: ¿como es posible que existan dioses tan crueles?

Tanto el pensamiento como el concepto de libertad depende del contexto o grupo social en el que se desenvuelve el individuo. Por lo cual, mientras se particularice, no estaremos hablando de la misma libertad, sino de una libertad sectarista motivada por los intereses de ese grupo. Pienso que ya es hora de salir de los marcos estrechos y liberar nuestro pensamiento de su contexto social y ampliarlo hacia una conciencia universal, y esta es precisamente la causa fundamental de la falta de dialogo entre el norte y el sur: la gran incomprensión que existe de los problemas del mundo subdesarrollado. ¿Se puede tener desde un penthouse la misma visión del mundo que desde una choza? Nuestra visión del mundo tiene que ser desesperada y mientras algunos redefinen los conceptos sobre la miseria otros reafirman su esencia humana dentro de la miseria.

Si queremos “salvar” al mundo de la miseria, debemos estar interesado en todo lo humano, no exclusivamente en los problemas de la ciencia y su desarrollo global. Hay estar interesado en la educación de todos por igual y no sólo de los nacidos en el primer mundo (norte), porque, más que la necesidad de ayuda tecnológica, se necesita que los nacidos en el sur tengan la misma educación que los del norte y no una educación diferenciada. Tampoco puede ser un problema de falso altruismo burgués, ni de propaganda política o de la vieja creencia de resignarnos y dejarlo todo en manos de Dios. Porque en verdad, Dios sólo puede salvar nuestras almas; al mundo, tenemos que salvarlo nosotros.

Hoy más que nunca se hace apremiante introducir cambios en el sistema educativo de forma que este se globalice y llegue a todos los rincones del mundo. Cambiar el sistema educativo por otro mejor no es un lujo sino una necesidad apremiante de nuestro siglo, a través de la transformación progresiva y no de la destrucción del sistema, que debe no sólo incluir la ideología científica sino también la ideología social y humanista. Tenemos que formar no sólo mejores científicos, sino también mejores seres humanos,con una mente más abierta, capaces de ir conformando una nueva mente colectiva me refiero a la conciencia social y a la ética que esta genera que no esté basada en la fe ciega en dogmas establecidos en marcos estrechos: estado, partido, etc. sino por una conciencia universal que se funde en el respeto a toda la obra humana y a toda vida por pequeña que esta sea.

Por eso, me sorprende que un pensador como Paul Feyerebend en su ensayo “Como defender a la sociedad contra la ciencia” de 1981, llegue a la siguiente conclusión: “… ¿se supone que seguiremos adelante tan sólo porque algunos nos digan que han encontrado una explicación a toda la miseria y una excelente manera de salir de ella? También nosotros deseamos liberar a la gente, no hacerla sucumbir a un nuevo tipo de esclavitud sino hacerla comprender sus propios deseos, por muy diferentes que estos puedan ser de los nuestros…”. ¿Como pueden los del norte desarrollado comprender nuestros deseos y hacer que nosotros, una vez explicados por ellos, lo comprendamos. Como paradoja nosotros podemos comprender sus deseos de cambios en la educación, de evitar la dogmatización, etc. y no sólo lo comprendemos sino que lo compartimos. Entonces, porque no compartir, también, nuestros deseos de vivir en un mundo mejor para todos. Los contextos, las clases sociales, a los que pertenecen, son relativos; la esencia humana, no. Yo no hablo de “deseos”, ni de ideales, sino de lo esencialmente humano, de las necesidades de todo ser humano en cualquier parte del mundo para autorrealizarse, para tener acceso a la información científica, social, etc. Para que la necesidad imperiosa de subsistir no lo anule como ser humano, y estos no son deseos que se necesitan comprender, sino necesidades esenciales de todo humano de “ser”. Sería demasiada ignorancia creer que un pobre puede ser feliz sólo teniendo un pedazo de pan, es cierto que los pobres están obligados a cubrir sus necesidades más perentorias, es cierto que llevan un sistema de vida enajenado, que no tienen tiempo de pensar en otra cosa que no sea como salir de la pobreza, pero esa no es la esencia del problema; imagínense a un intelectual del norte que por azar, sea lanzado a la pobreza y se vea obligado a trabajar en el campo día a día bajo el sol hasta que oscurece para poder vivir. Seguro, abandonaría sus grandes temas y tendría que luchar a brazo partido con los demás campesinos, por salir de esa condición en la que ha sido puesto. Porque, en verdad, la condición en la que vive un ser humano es un fenómeno casual, mientras su esencia es un fenómeno potencial, algo que esta presto a abrirse y florecer en cuanto las condiciones son favorables. Nosotros los que escribimos en condiciones adversas, no queremos que nadie venga a explicarnos nuestros deseos, para ello tendrá que despojarse de su condición clasista y descender hasta lo más hondo de su esencia humana y sólo entonces habrá COMPRENDIDO que “sus” deseos y “nuestros” deseos son los mismos.

Debemos luchar por un mundo basado en la integración, en la interacción de culturas, por una educación a todos los rincones del planeta, en lugar de hablar de programas de liberación. Todos tenemos que cooperar en el mejoramiento de la humanidad. El tercer mundo tiene derecho a luchar por ese mundo mejor y no a esperar que esos que aun no han encontrado el camino para si mismo, quieran imponer su visión o dar consejos de como ser menos subhumanos. El problema no es esperar que ellos hallen la solución a todos los problemas, incluso a los nuestros, ya que todos compartimos el planeta y cada error que se cometa nos afecta a todos por igual, no sólo a los desarrollados afecta la disminución de la capa de ozono. Por tanto es también nuestro deber, desde ahora, luchar por un planeta mejor. El problema radica en eliminar las barreras que separan el norte del sur a través de la interacción y no de la interferencia. No creo que sea necesario que venga un “iluminado” como Buda, Cristo o Mahoma a decirnos una verdad tan sencilla: el mundo es responsabilidad de todos por igual y si algunos somos diferentes es sólo en apariencias, la cual ha sido consecuencia de nuestra posición relativa, en muchos casos impuestas por prejuicios sociales de color, sexo, nacionalidad o conocimientos (mayor acceso a la información); pero desde una posición absoluta, como seres humanos, todos sin excepción compartimos el mismo sueño.

Pienso, que la primera ley de una sociedad humanista debe ser luchar por alcanzar el progreso social y el bienestar de todos sus ciudadanos. Y que colocar al hombre en el centro de la filosofía no es colocar a la razón (racionalismo) que al final sería igual a poner al hombre en función de la ciencia, tampoco sería ponerlo en función del hombre, porque seria crearle una actitud egocéntrica. La solución seria poner al hombre en función de la humanidad, de lo esencialmente humano. Tiene que existir un respeto muy grande hacia los sentimientos humanos: el amor, la bondad, la sencillez. Y sobre todo, un inmenso respeto hacia el “ser” humano.

Se que puedo ser en extremo ingenuo, como el hombre que quiso librar al mundo del hambre sembrando papas en cada casa que tuviera jardín. Hermosa ingenuidad: creer que se puede salvar al mundo de forma tan sencilla. Pienso que la solución a los problemas del mundo está en la cooperación de todos, en la búsqueda de muchas fórmulas, lo que si no creo, es que la solución tenga que estar, exclusivamente, en manos de políticos poderosos, de líderes sobrenaturales, de grandes empresarios o de instituciones seudomilitares, sino también, en almas sencillas que creen de todo corazón en la naturaleza humana; ya sea sembrando papas o sembrando en el espíritu de los hombres un nuevo humanismo que algún día, no muy lejano, dé sus mejores frutos.

Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
Esta entrada fue publicada en Tendencias tecnológicas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s